
Cuando se habla del helado artesano en España, los focos suelen apuntar a Levante, a Cataluña o al País Vasco. Pocos saben que Extremadura tiene una de las tradiciones heladeras más sólidas del país, en buena parte gracias a las familias jijonencas que se asentaron en pueblos como Azuaga a mediados del siglo XX. Familia Llinares es una de ellas, y desde 1947 hacemos helado artesano en el corazón de Badajoz.
No todos los helados que se venden como "artesanos" lo son. La palabra está poco protegida y muchos negocios la usan para vender producto industrial reformulado. Antes de pagar por un helado artesano, fíjate en estas señales:

Desde hace casi ocho décadas, el kiosco de Familia Llinares en el Parque Cervantes de Azuaga es un punto de referencia para los amantes del helado artesano en toda la comarca. Llegamos desde Jijona en 1947 con las recetas que nuestros abuelos habían perfeccionado, y desde entonces hemos adaptado lo justo para no traicionar la tradición. Tres generaciones después, seguimos haciendo helado del mismo modo: ingredientes reales, fórmulas propias, sin atajos.

Aunque el kiosco sigue siendo nuestro corazón, también hemos abierto una tienda online para que quien viva en Madrid, Sevilla, Barcelona o cualquier otro punto de España pueda probar lo que hacemos. Enviamos cremas untables y turrones todo el año. Los helados, por su naturaleza, se pueden disfrutar mejor en visita al obrador o a través de los eventos en los que participamos.
Extremadura tiene otras heladerías artesanas dignas de mención en ciudades como Cáceres, Mérida o Plasencia. La buena noticia es que el panorama está creciendo: cada vez hay más obradores que apuestan por el helado de verdad, frente a los kioscos que solo revenden producto industrial. Apoyar a estos negocios es apoyar un oficio que merece la pena conservar.
Descubre helados, cremas y turrones elaborados por tres generaciones de la familia Llinares en Azuaga, Extremadura.
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